Quiénes Somos

La idea

Desde que, en 1995, decidimos instalarnos en el entorno rural del valle del Vadillo en el término municipal de Palazuelos (Guadalajara) no hemos dejado de dar vueltas a la idea de aprovechar adecuadamente los recursos naturales que nos rodean. Siempre hemos visto en ello una vía de desarrollo sostenible y, a la vez, necesaria. En 1998 decidimos, junto con el agricultor del Francisco Juberías Ortega, abordar el cultivo experimental de la espelta. Trajimos 500 kilos de grano procedente de Alemania y nos pusimos manos a la obra.

Se trataba de buscar alternativas a los cultivos convencionales, pero también de explorar nuevos caminos, nuevas formas de colaboración que nos permitieran fijar riqueza en el entorno. Para ello debíamos superar el estigma del mundo rural, abocado secularmente a proporcionar casi exclusivamente materias primas al mercado. En nuestro caso, la materia prima sería trasformada y elaborada in situ hasta obtener productos finales, certificados y envasados. De este modo el valor añadido se quedaría entre nosotros.

Comenzamos por reconvertir la explotación de Francisco Juberías a cultivo ecológico; instalamos la maquinaria necesaria para descascarillar, limpiar y seleccionar el grano; añadimos a esto la molienda; y abordamos, por último, la instalación de un obrador dedicado a elaborar pastas alimenticias.

En torno al grano de espelta se abren muchos caminos que, poco a poco, tenemos intención de recorrer o ayudar a que otros los recorran. Así, tarde o temprano, llegará a instalarse un horno con criterios ecológicos y de calidad, que nos permitirá abrir una panificadora donde elaborar nuestro propio pan y repostería que habrán de alcanzar renombre en la comarca, y que cuentan con un importante mercado potencial en la vecina Madrid. A esto se añadirían una tienda de productos ecológicos y de temporada, un local dedicado a la hospitalidad y la restauración, a la cultura y el conocimiento…

Con el picado del grano y otros restos de cereales y hortalizas podemos criar aves de corral y obtener huevos de gran calidad, certificados como producto “biológico”. Con la cáscara de la espelta rellenaremos almohadas y cojines, que alcanzan gran valor en el mercado por sus propiedades terapéuticas. Esto dará lugar a un taller del que pueden salir muchas otras ideas y productos.

Respeto

Lo que nos mueve, aún más que las posibilidades de negocio que pueda suponer el cultivo de espelta, es la intención de extender la cultura del respeto al medio que nos envuelve, nos abriga y nos da de comer. El cultivo limpio de contaminantes y venenos no sólo proporciona alimentos más sanos y condiciones de vida más saludables sino que también hace posible que insectos, aves, pequeños mamíferos y reptiles vuelvan a colonizar sin riesgo de muerte los lugares que por derecho natural les corresponden.

En el suelo cultivado de manera natural todo tiende al equilibrio: los microorganismos se desarrollan libremente aportando nutrientes y enriqueciendo el sustrato. Estos son aprovechados por las propias plantas, por insectos, orugas y gusanos, que llamarán la atención de los pájaros, pequeños roedores y reptiles. Todos ellos se van a llevar su parte de grano pero también dejarán con sus detritus un regalo excelente para el crecimiento de las plantas.

El cultivo de la espelta se lleva a cabo siguiendo las pautas de la agricultura ecológica, sin aporte de sustancias químicas (fertilizantes de síntesis, herbicidas ni pesticidas) y practicando una adecuada rotación de cultivos a fin de mantener y reponer los nutrientes de la tierra de una manera natural. Esto supone que, además de la espelta, también comencemos a disponer de otros productos ecológicos, como garbanzos, lentejas, forrajes, avena, pipas de girasol...

¡Ojalá sea esta una experiencia exitosa y muchos más agricultores y emprendedores se apunten a las buenas prácticas agrícolas, sociales y culturales, que de todo ello hemos de alimentarnos los seres humanos!

Manifiesto Rural

Lo que rodea a las ciudades no es precisamente el desierto. Aunque el ámbito rural esté padeciendo el tremendo desequilibrio social provocado por la llamada a lo urbano del último medio siglo, conviene que al menos algunos rememos en sentido contrario, a fin de mitigar sus consecuencias. Es necesario reponer al campo su valor; y no sólo como medio de producción, sino también como filosofía vital. Tiempo y espacio es lo que necesitamos los seres vivos, seamos plantas o animales, para desarrollarnos de forma armoniosa y equilibrada. La adecuada proporción entre estos dos factores esenciales lleva a conseguir ese bienestar o felicidad de los que viene hablando la humanidad desde el principio de las civilizaciones. Eso es lo que nos ofrece el mundo rural: espacios abiertos, tiempo propio, ritmos asumibles, entornos amables…

Queremos que La Espelta y la Sal sea vía natural para los cultivos ecológicos de la zona en que nos asentamos y punto de referencia de calidad alimentaria. Asimismo, queremos proporcionar un modelo de desarrollo a esta comarca, secularmente deprimida y olvidada. Se trata de convertir con el tiempo estos campos en un granero de calidad que ponga en valor los productos de la tierra y, por lo tanto, el trabajo dedicado a ella. Una calidad que, además de nutrirnos más adecuadamente, nos devolverá el croar de las ranas, el guirigay de las bandadas de pájaros y el retorno al hogar de multitud de animales y animalillos que no soportan el brutal envenenamiento al que se ha visto sometida la madre tierra.

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